martes, 27 de octubre de 2015

Historia de terror de una novicia

Saber que Mónica pretendía ingresar a un convento fue una noticia mal recibida por la familia, creían que estas eran prácticas de otras épocas, o en escape para las mujeres que no podían conseguir marido, nadie se ocupaba de la vocación de servicio que sentía la muchacha y en inmenso amos a Dios. Así que después de largo tiempo de sufrir insultos, apenas cumplió los dieciocho años, se fue a perseguir sus sueños.
Recorrió varias ciudades, preguntado a la gente por conventos, y se acercaba a ellos buscando el que fuera perfecto. Los primeros que visitó, distaban mucho de la imagen que se había creado en su cabeza; clavados en medio de la ciudad, con ciertos toques de lujo y llenos de estrictas mujeres que rezaban todo el día, pero no ayudaban al prójimo.
Por unos momentos quiso regresar y abandonar aquella tonta idea, pero, el destino la fue llevando por lugares insospechados, realizando pequeños trabajos que le ayudaran a conseguir sustento y terminó en las afueras de un suburbio, frente a una derruida construcción, rodeada de campos de siembra donde se divisaban apenas unos bultos cafés moviéndose entre la hierba.
Mientras estaba parada ahí, repicaron unas campanas, y los puntos cafés que veía dese la distancia, se incorporaron formando una fila y entonando bellos canticos. ¡Eran monjas, monjas verdaderas!, como las de antaño, de las que trabajan la tierra para alimentarse y compartir con los huérfanos que cuidan con devoción, de esas que se alegran de servir, de esas que aman al prójimo.
Así que sus pasos le parecieron lentos para darle alcance a esa comitiva de la que quería formar parte, llevaba tanta ilusión consigo, parecía hipnotizada por el caminar tan ligero de las mujeres frente a ella, las cuales parecían flotar en lugar de andar.
Por fin pudo darles alcance, y quiso tocar a la última de las monjas en el hombro, pero una anciana decrepita, le tomó la mano, advirtiendo que todo aquello que veía no eran más que espectros, almas sin descanso que permanecían ahí, sufriendo, repitiendo aquel fatídico día de su muerte, en el cual un grupo de maleantes que huían de la justicia ingresaron al convento, asesinaron a los niños para no compartir las provisiones con ellos, y luego también se deshicieron de las monjas para tomar sus hábitos como disfraces.
La chica horrorizada por aquellas terribles confesiones se negó a creerlo, pero al dar la vuelta hacia el sembradío, los vio cubierto de huesos y restos humanos…de niño, tal como la vieja había dicho. La imagen era tan horrenda que la chica no pudo resistirlo, salió corriendo sin dirección fija…
Algunas personas dicen que se puede ver vagando por las calles con hábito de novicia y predicando sobre el mal de la gente, gritando terroríficas historias de tortura. Otros dicen que volvió después para unirse a aquellas monjas con vocación, aun en la muerte pues la procesión que veían los vecinos con tanto pavor, tienen un nuevo integrante.



PD: Siento tardar tanto en publicar una nueva historia pero tratare de publicar mas historias y mas continuamente :-)

El árbol del vampiro

La literatura nos indica que los vampiros son seres mitológicos que provienen principalmente de las regiones de Europa del este. Sin embargo, la gente de los otros cuatro continentes tiene sus propias historias de terror sobre estas criaturas.
Hablemos de un relato que ocurrió en Hunan China. Se dice que a fines del siglo XIX allí vivía un hombre anglosajón que invariablemente vestía de etiqueta. Además portaba un gran sombrero de copa y un bastón de color negro.
Las personas que llegaban a ver su rostro, quedaban estupefactas, ya que aseguran que el tono de su piel era más blanco que la leche, mientras que de su boca se asomaban un par de afilados colmillos.
El horario favorito que tenía este individuo para salir a la calle era a partir de las 11 de la noche, mientras el regreso a su domicilio lo emprendía a más tardar a las tres de la madrugada.
Después de unos cuantos años, un extraño fenómeno comenzó a ocurrir en el pueblo. Varios animales de granja comenzaron a desaparecer, sólo para encontrar sus cadáveres a los pocos días completamente desangrados descansando a la orilla del lago.
– ¿Qué clase de criatura infernal podrá querer la sangre de nuestras bestias? Se preguntaban los granjeros.
A partir de ese momento, varios de ellos montaron guardias nocturnas con el fin de descubrir al ladrón. Finalmente uno de los cuidadores logró dispararle en una pierna a un individuo que trataba de robarse unas ovejas.
De la boca del ladrón salieron chillidos como los de un murciélago, mientras éste trataba de perderse entre los arbustos, iluminado por un profuso manto de estrellas. Tras de sí, iba dejando un gran rastro de sangre.
Sin embargo, ese vital líquido no era del tono habitual que todos conocemos (es decir, rojo) sino más bien de un color violeta.
La persecución continuó hasta que los primeros rayos del sol comenzaron a asomarse. El vampiro trató de taparse las manos y el rostro con su abrigo, pero ya era muy tarde. Su piel albina se tornó verdosa.
Después uno a uno los huesos de su cuerpo comenzaron a asomarse. Lo increíble fue que tanto su vestimenta como su esqueleto quedaron convertidos en cenizas.
Dejaron los restos allí, con la esperanza de que todo aquello se lo llevará el viento. Sin embargo, a la semana siguiente empezó a brotar un árbol de las profundidades de la tierra.
Historia de terror el árbol del vampiroSu corteza era roja y parte de sus hojas tenían espinas. Unas personas trataron de derribarlo, pero dejaban atrás sus intentos al percatarse de que al darle hachazos al tronco, brotaba sangre.
Otros más rodearon el tronco del árbol con una capa de un grueso concreto y en la parte encima colocaron un techo de lámina para evitar que el agua de lluvia lo pudiera alimentar. No obstante, el árbol continúa creciendo con normalidad hasta la fecha.
Las leyendas de terror de oriente expresan que si esto llega a suceder, probablemente se trate del alma del vampiro que poco a poco se está regenerando y al mismo tiempo esperando el momento exacto para emerger de nuevo a la superficie con amplia sed de venganza.